La identificación del niño de 11 años fue confirmada por la odontóloga forense Laura Marecos, quien utilizó características dentarias particulares y fotografías provistas por la familia ante la imposibilidad de un reconocimiento visual convencional, mencionó Pablo Lemir, director del Laboratorio Forense del Ministerio Público.
El cadáver presentaba un estado de descomposición avanzado y la pérdida de tejidos blandos debido a la acción de depredadores acuáticos, factores que, sumados a las altas temperaturas, dificultaron las tareas periciales iniciales. A pesar de estas condiciones, los médicos forenses lograron obtener información vital para la investigación del Ministerio Público.
Lemir señaló que no encontraron fracturas, lesiones traumáticas ni golpes que hicieran sospechar de una agresión previa o de que el menor hubiera sido forzado a entrar al curso hídrico. Incluso la separación de los huesos del cráneo fue atribuida a la putrefacción natural y a que las suturas óseas aún no estaban cerradas por la edad del niño, descartando traumatismos en esa zona.
Se estima que el fallecimiento ocurrió el mismo domingo cuando desapareció (04 de enero), lo que coincide con el cronotanatodiagnóstico preliminar. Mientras los restos son trasladados a la ciudad de Pilar para su inhumación, la fiscal Erika Encina liderará la investigación para esclarecer los detalles del suceso. Entre las hipótesis que maneja la fiscalía, se analizará la posible responsabilidad de los padres respecto a la falta del deber del cuidado tras la caída del menor al agua.