La fuga se produjo luego de que los reos lograran realizar un corte en el cercado perimetral de la institución penitenciaria. Al momento del escape, los sujetos no vestían el uniforme reglamentario, una irregularidad que las autoridades deberán explicar, ya que los internos solo pueden usar ropa civil bajo beneficios específicos. Según el viceministro de Justicia, el factor humano es actualmente la principal debilidad del sistema, especialmente considerando que el complejo cuenta con más de 300 cámaras de seguridad y se debe auditar si el sistema de monitoreo generó las alertas correspondientes ante el movimiento no autorizado.
Las primeras indagaciones apuntan al uso de herramientas del módulo 5, un área destinada a condenados que no están vinculados a grupos criminales como el clan Rotela o el PCC. Se presume que los internos utilizaron herramientas mecánicas o hidráulicas, como pequeñas sierras o alicates de corte, para evitar generar ruidos que alertaran al pabellón. Existe una clara violación del protocolo de seguridad, dado que está estrictamente prohibido que los condenados lleven herramientas a sus celdas, lo que indica un fallo en los niveles de control del módulo.
Sobre los motivos de la huida, se reveló que, si bien uno de los fugados estaba cerca de cumplir su pena, el otro habría recibido recientemente una nueva condena de 15 años de prisión, hecho que pudo haber motivado el escape. El Ministerio de Justicia informó que la investigación interna, a cargo de la dirección de asuntos internos, durará aproximadamente un mes. Durante este tiempo, se buscará determinar si hubo negligencia o complicidad por parte de los guardiacárceles y por qué el personal de monitoreo no dio aviso inmediato a pesar de la tecnología disponible.