Braulio ingresó inicialmente al hospital Ingavi con fuertes dolores de pecho, desde donde fue trasladado al IPS Central para someterse a un cateterismo de urgencia. Durante tres días, el paciente fue sometido a prolongadas horas de ayuno —llegando a superar las 15 horas— mientras la familia recibía constantes promesas de que el procedimiento se realizaría. Sin embargo, el estudio se pospuso repetidamente bajo la excusa de que la “máquina” no funcionaba, se “colgaba” o colapsaba por el exceso de pacientes.
A pesar de ser aportante de toda la vida, la familia de Braulio tuvo que costear por cuenta propia los insumos médicos, gastando más de 11 millones de guaraníes en kits que el hospital no proveía. Ante la desesperación por la inoperancia del equipo técnico, los familiares solicitaron el traslado del paciente al Hospital San Jorge. No obstante, el personal de la previsional obstaculizó el traslado, alegando que no se encontraba el responsable administrativo para firmar la documentación necesaria, impidiendo que Braulio recibiera atención en otro centro.
Finalmente, el procedimiento se intentó realizar el miércoles por la tarde, pero tras tres días de demora, los médicos informaron que las arterias del paciente estaban totalmente obstruidas y que ya no había nada que hacer.
La familia manifestó una profunda impotencia y dolor, señalando que si el sistema de salud hubiera actuado con rapidez y los equipos hubieran funcionado, la historia de Braulio podría haber tenido un final diferente. Ahora, solo esperan que este caso sirva de mensaje para las autoridades sobre la falta de inversión y la inoperancia que cuesta vidas en la salud pública paraguaya.